sábado, 30 de julio de 2011
Adiós, adiós.
-Pedro, ¿no te cansas nunca?
-¿Cansarme?- él mira la caja medio vacía- ¿con todo lo que queda?
-Un día de estos nos pillarán, tío.
-Anda, Luis, no me jodas.- Enciende un cigarro- Llevamos toda la puta vida subiendo a esta azotea, es el símbolo de nuestra infancia.
-Deberíamos emborracharnos en un bar, como todos, y dejar de tirar globitos de agua.
Pedro estalló en carcajadas al pensar en aquella posibilidad. Sabía que hacía tiempo que aquello era algo "rarito", con 18 años ya nadie espera que se suba a la azotea de su abuela y "juegue" a molestar a los viandantes.
-No te engañes, Luis.- Sonríe él, observando de cerca una de las esferas azules- Hace tiempo que esto no son globos.
-Ah, ¿no?
-No. Mira, -le da el azul y coge otro rojo- ¿Sabes qué es esto?
-Una putada.
Le mira extrañado.
-¿De veras no ves lo que hay?
-¿Qué cojones voy a ver, Pedrito?
-Mira bien.
Suspira, e intenta ver algo más.
No hay imperfecciones, ni son de una marca concreta. Tan sólo son globos, rellenos con su contenido habitual. En el suelo de la calle yacen los numerosos restos, avisando a cualquier viandante espabilado que cambie de acera. ¿Qué más hay?
-Estás mal de la cabeza, cada día estoy más convencido. Sólo son globos, y ya no somos unos críos, tío, falta un mes para entrar en la universidad.
-¿Así que sólo ves globos?- pregunta decepcionado.
Luis se impacienta, y tira uno a la pared de enfrente.
-Estás flipado.
[...]
-Tienes razón.- Suspira- ¿Vamos al bar de abajo? Ponen buenas tapas.
-Sí, -sonríe aliviado- me apetece un litro.
Los chicos bajan las escaleras bromeando ruidosamente, pero sólo uno de ellos es consciente del fin de "algo".
Tal vez debiera cambiar. Tal vez debiera contarle a alguien que escucha voces en el armario, que secretamente fantasea con prenderle fuego a la casa con todos dentro. Sucios.
La etapa de la vida que los había unido y hermanado había acabado. Él sabía bien que no iba a poder seguirle el paso a su colega, no quería, no podía dejar su cuarto. Él no iría a la universidad, no tendría novia. La mera idea de conocer a gente le causaba pavor... ¿Cuándo se había convertido en un tarado?
-¿Que vas a hacer el viernes?
-No sé. Estaré en el garaje.
-Empanao',vente a "La Matraca" conmigo, la amiga de Marta quiere conocerte.
-Paso.
-Tiene un polvo.
-Déjalo.
-Bueno, como quieras.-una palmada en la espalda- Nos vemos, tío.
-Agur.
Ya en la seguridad de su cuarto se relaja, y enciende otro cigarrillo.
"El azul era mi padre. El rojo Don Ignacio."
No es un juego, sólo un alivio, su manera de exorcizar los demonios de esta habitación. Pedro tenía miedo de sí mismo. Se sabía un monstruo, se temía y laceraba en secreto. Incluso había vuelto a rezar (por si Dios le escuchase).
-"Ya no somos críos"- repite.
Apaga el cigarrillo en su pierna, ahogando un gemido.
- Ya no somos, no somos, no somos, no somos...
lunes, 25 de julio de 2011
Domingo
Y Sari echó a andar.
Un vestido nuevo,
para el glorioso domingo.
Rosas, un mechero y pan.
¿Llevas carmín?¿Festejas algo?
Casi bailas en el aire,
y canturreas mirando el sol.
Sonríes, ya no hay hambre ni sed.
Tal vez le espere sentada.
Tal vez tenga otro amigo.
[...]
Callado, el tiempo devora.
Ven, amado,
acude a mi encuentro.
Ven, mesías,
sólo te aguardo a ti.
Ofrendas en el altar.
Palabra hecha ley.
Pan mohído, se ríe de su lealtad.
Flor marchita, pobre en su testarudez.
martes, 21 de junio de 2011
Fragmento
"Mientras más miento más lejos llego en esta carrera de rojos demonios
es realmente el triunfador el auténtico ganador?
me llamas puta porque no has podido conmigo en la cama
juego a ser dios y digo sí a tus drogas y quiero más
juego a ser Dios y digo sí a tu mente y quiero más
juego a ser Dios y digo sí a tu pene y quiero más
juego a ser Dios y digo sí a tu dinero y quiero más
soy una yonki de las emociones fuertes y quiero más
excesiva en el sexo
excesiva en el amor
excesiva en el terror
excesiva en tu cama
excesiva en tu mente
o todo o nada
saltemos juntos al vacío
el mundo y yo somos puro exceso
sentir como tus labios rompen todo mi cuerpo
y vivir la vida hasta el final
romper la vida hasta el final
morir vivir hasta el final
y vivir la vida hasta el final
romper la vida hasta el final
morir vivir hasta el final
exceso, es mi droga favorita
exceso, es mi droga favorita"
es realmente el triunfador el auténtico ganador?
me llamas puta porque no has podido conmigo en la cama
juego a ser dios y digo sí a tus drogas y quiero más
juego a ser Dios y digo sí a tu mente y quiero más
juego a ser Dios y digo sí a tu pene y quiero más
juego a ser Dios y digo sí a tu dinero y quiero más
soy una yonki de las emociones fuertes y quiero más
excesiva en el sexo
excesiva en el amor
excesiva en el terror
excesiva en tu cama
excesiva en tu mente
o todo o nada
saltemos juntos al vacío
el mundo y yo somos puro exceso
sentir como tus labios rompen todo mi cuerpo
y vivir la vida hasta el final
romper la vida hasta el final
morir vivir hasta el final
y vivir la vida hasta el final
romper la vida hasta el final
morir vivir hasta el final
exceso, es mi droga favorita
exceso, es mi droga favorita"
Orgasmical, fragmento de"Exceso".
sábado, 18 de junio de 2011
Geopoetas
Óxidos, entramados cristalográficos y grandes llanuras.
Ya hace calor, me cuesta seguir el ritmo de la clase.
"La próxima vez traeré protección solar", pienso, planificando el arsenal de la siguiente mochila.
Alguien habla de bocadillos de chorizo y nocilla, otros pocos destrozan con un palo la entrada de una madriguera. Conversaciones ligeras, triviales. De vez en cuando, asiento y suelto algún comentario igual de vacío.
¿Seguro que no estamos en Marte?
Hermosa geología: el interesante viaje desde las partículas subatómicas a la totalidad del universo conocido, la capacidad para asimilar la verdadera magnitud de los procesos a lo largo del tiempo. La huída total del solipsismo, un tirón de orejas para los atareados ratoncitos en sus madrigueras.
Sin darme cuenta, me pierdo intentando recordar las mil y una explicaciones científicas que colocan cada piedra en su sitio, meros palos de ciego de gentecilla arrogante y controladora (siempre casualidad vs. causalidad).
¡Anímense, señores! ¡El tejido de la realidad al alcance de nuestras manos!¡y sólo por 14,90€!.
Me vienen grandes, tengo que reconocer. Me afano intentando recordar algún punto de la teoría de cuerdas ("ahora aquí, ahora allí"), pero sólo queda queda algún flashback con cabezas de extraterrestres de un documental del Discovery Chanel. Jordi Hurtado tan sólo pasaría al siguiente concursante.
-Y por lo tanto, serían...
- Filitas- respondo aburrida.
-Sí, filitas. Y...
[bla,bla,bla]
Porque tú no me cansas.
Ellos sí.
Siempre Madrid.
A las ocho de la mañana sigues pareciendo una gran ecuación.
[Ojos cerrados]
"¿Otra vez? Pesada, déjame dormir",pensarás tú.
Es cierto. Aún es pronto, muy pronto.
Pronto para levantarte, pronto para peinarme,pronto para buscar mi ropa. Lo sé. Y enciendo en silencio el primer cigarrillo.
Anoche estuvo bien. Me gustó reir, me gustó tu torpeza.
"Bruto", sonrío.
Y me doy cuenta de que estoy cansada, destrozada.
Me costó. Y tuve suerte, quisiste caer. Tal vez estés solo, tal vez te lo puse demasiado fácil.
Bien, pequeña Sari, el primer encuentro ya pasó. Ahora sólo queda hacer números (piensa,piensa,piensa). Dos mil "acabose" alternativos, un vulgar "continuará" y ninguna opción realmente viable.
Apago el cigarro.
"¿Será pronto o tarde?
¿Me detestarás?
¿Habrá tiempo para más hoteles?"
Te huelo el pelo despacio, en silencio, pero me sabe a poco.
[snif again]
Vaya,vaya. También algo de sudor. Me gusta, es agradable imaginar lo de antes.
[SNIFFFF]
Toqueteo tu brazo, tu pecho. Me reconforta tu vello, esa barba a medias. Casi pareces un troglodita con esos rizos. Todo un artista, todo un soñador.
¿Cuándo diablos piensas despertarte? Ya han pasado dos horas, y el tiempo apremia.
Agarro su entrepierna.
[Rápido, antes de que te des cuenta de todo.
Rápido, antes de que me aburras.
Rápido, aprovechemos que aún todo es nuevo, que es genial.]
"Cielo,¿estás despierto?"
[Ojos cerrados]
"¿Otra vez? Pesada, déjame dormir",pensarás tú.
Es cierto. Aún es pronto, muy pronto.
Pronto para levantarte, pronto para peinarme,pronto para buscar mi ropa. Lo sé. Y enciendo en silencio el primer cigarrillo.
Anoche estuvo bien. Me gustó reir, me gustó tu torpeza.
"Bruto", sonrío.
Y me doy cuenta de que estoy cansada, destrozada.
Me costó. Y tuve suerte, quisiste caer. Tal vez estés solo, tal vez te lo puse demasiado fácil.
Bien, pequeña Sari, el primer encuentro ya pasó. Ahora sólo queda hacer números (piensa,piensa,piensa). Dos mil "acabose" alternativos, un vulgar "continuará" y ninguna opción realmente viable.
Apago el cigarro.
"¿Será pronto o tarde?
¿Me detestarás?
¿Habrá tiempo para más hoteles?"
Te huelo el pelo despacio, en silencio, pero me sabe a poco.
[snif again]
Vaya,vaya. También algo de sudor. Me gusta, es agradable imaginar lo de antes.
[SNIFFFF]
Toqueteo tu brazo, tu pecho. Me reconforta tu vello, esa barba a medias. Casi pareces un troglodita con esos rizos. Todo un artista, todo un soñador.
¿Cuándo diablos piensas despertarte? Ya han pasado dos horas, y el tiempo apremia.
Agarro su entrepierna.
[Rápido, antes de que te des cuenta de todo.
Rápido, antes de que me aburras.
Rápido, aprovechemos que aún todo es nuevo, que es genial.]
"Cielo,¿estás despierto?"
miércoles, 25 de mayo de 2011
6.-Mudanza.
Me gusta esta nueva rutina.
Hago la cama, quito el polvo, tiendo ropa.
Cada movimiento de muñeca, cada inspiración y expiración, cada pulsión sanguínea no es más que una consagración de un hecho: soy suya, soy suya, soy suya.
De vez en cuando doy un paseo, descubro cosas de Madrid. Menuda guiri estoy hecha, pero bueno, en algo debo matar el tiempo.
Disfruto de mis largas duchas."Relajan mis nervios", decía aquella pobre mujer... Blanche, la del tranvía llamado "Deseo".
Agua caliente, muy caliente, que casi abrasa tanto como reconforta. El roce de la ropa al desnudarme, ese pequeño momento de incertidumbre en el que, al apagar la luz, me cuesta acostumbrarme a que las manos me guíen.
El "tic-tac" sigue conmigo, pero lo dejo estar.
Fluyo, fluyo y me derramo como el agua que se escapa por el desagüe, rezo en silencio. Exploro mi piel poco a poco con los ojos cerrados, de memoria, buscando los pequeños morados que Antonio ha ido dejando: "Ey, tú, por aquí. Deja que te apriete un poquito".
Sonrío. Cada vez estás más cerca.
Hoy mi baño duró más de lo acostumbrado. Es la única forma que tengo de desconectar(piensa, piensa, piensa), y el hidromasaje de mi nueva casa es como jugar en otra liga.
Mi paz, mi tiempo libre y mi nueva relación merecían un premio.
Sería hermoso ser su esposa, despertarme a sus pies, servirle en cada momento, besar su sien.
Al encender la luz, descubro sangre en el plato, escapándose por el desagüe, y me apresuro a limpiar el caminillo que a lleva hasta mi nariz.
Mi estómago se estruja como una hoja de papel: queda menos, Sari.
La espera hasta el próximo encuentro cada vez se hace más larga: hace ya cuatro días que no sé nada de él. No sé qué me pasa. Estoy inquieta, no puedo parar de hacer cosas: en estos días he limpiado, recogido, fregado y zurcido todo aquello que he visto.
Sentada frente a la pantalla del ordenador, muevo nerviosa el pie.
Ayer decidí poner una marca en un papel cada vez que entrara en el correo electrónico buscando un mensaje suyo.
Una, dos, tres... 63 cruces.
No es normal.
¿Dónde está?
¿Por qué no sé nada de él?
¿Estará poniéndome a prueba?
¿Ya no le intereso?
¿Qué he hecho?
¿Habrá tenido algún accidente?
Le hecho de menos.
-Dime, hija.
-Papá,¿cómo estás?. Llevo toda la mañana llamándote.
-Pues en casa, ¿dónde voy a estar?
-Pues no lo cogías.
-No lo habré escuchado. Cuánto tiempo, Sarita,¿está todo bien?
-Sí, todo bien.
-Y Pablo, ¿cómo está?
-¿Pablo? Bien. -me doy cuenta de que no he vuelto a pensar en él- ¿Vas a estar después en casa?
-¿Esta tarde? Sí, a las ocho viene "el de los muertos".
-Vale, pues después me acerco. Te quiero.
-Muy bien, muy bien.
Salí de la casa con una extraña sensación. Mi padre. Mi vida, todo lo que quiero. Tan quemado, tan mayor. Y sin embargo pagaré la factura antes que él. No he sido capaz de decirle nada, no sabía cómo. "un translado de universidad", mentí de forma mecánica. Empieza a convertirse en una mis dudosas cualidades.
"¿Pablo? Bien, no lo he dejado, no me da asco verle".
"¿El trabajo? fenomenal, desde que lo dejé no tengo problemas con mi jefa".
"¿Y la salud? La salud..."
Pienso en las veces que me llevaba al campo de pequeña.
Yo jugaba con la hierba, desenterraba pequeños caracolillos, que con el paso del tiempo se convirtieron en fósiles con género, especie y orden. Recuerdo cómo una vez se me infectó ombligo jugando con tierra, añoro los largos paseos por los pinos con mi abuelo.
Me habían enseñado a amar el campo, lo sencillo, a ser una persona decente. Y poco a poco iban marchitándose y dejándome.
Mi abuela, mi abuelo, mi madre... como miles más.
Pero yo no quiero morir. Aún no.
La calzada reflejaba el sol de Agosto, "apretando" cada vez más,un poquito más, anunciando el insoportable mediodía que estaba por llegar. Pasé junto a infinidad de comercios: una frutería, una mercería, un estanco, miles de caras y miles de voces.
Qué ajena me siento a veces.
¿Qué rondará por la cabeza de aquella gitana?¿tendrá miedo, tendrá algún dilema?¿o sólo se dedicará a vender naranjas robadas,sólo a lo más elemental: existir?
-Intentaré por todos los medios estirar el dinero, no quiero verme en la calle o limpiando casas.
Para Antonio, la versión oficial era que había decidido darme un año sabático, comiéndome los ahorros.
-¿Limpiando? Qué más da Sara, todos los trabajos son dignos. Menos ser puta.
-¿Puta?
-Sí. Las putas son lo más bajo que existe, la escoria de la sociedad. Todas en la cárcel, para que coman pollas a gusto. -dijo con voz tajante.
¿Era así de fundamentalista?
-Bueno Antonio, pero hay mujeres que no tienen más opción, ¿no?
-Siempre hay opción.
-¿Sí?
-Siempre. Me dan asco.
-Está bien.
Camino en silencio.
Baldosas blancas, no lo entiendo.¿Para qué ponerlas blancas?
El suelo del mercado es un río de porquería.Sangre. Vísceras.
¿Irán al mismo desagüe que la mía?¿Qué diferencia hay entre esta carne y mi carne?¿qué diferencia habrá cuando la mía también sea fría, caduca?
Más tarde:
-Dime "Señor".
Mi cabeza estaba entre suelo y su zapato, sentía clavarse la tierra del camino en mi mejilla.
-Sí, Señor.
-¿Te gusta, puta? -pisó con mas fuerza.
Yo sentía que mi sien iba reventar de un momento a otro y un gemido se escapó de mi garganta.
-Sí Señor, me gusta.
-¿Duele? -apretó más fuerte aún.
-Agghhhmm... sí...
-Pues te jodes. -contestó con un extraño sentido del humor.
Retiró el pie para desabrochar su pantalón.
-Quiero escucharte.
-¿Qué? -estaba confundida, sólo intentaba calmar el dolor tocándome la cabeza.
-¡Que llores, mierda! -La patada que me propinó en el estómago me dejó sin aliento.
Chillé y empecé a retorcerme,"esto no le hace bien a lo mío",pensé hecha un ovillo. Tragué un poco de sangre, él no debía verla.
-Así, cariño, así...
Él empezó a masturbarse sobre mi cuerpo. Su respiración acelerada me mantenía hipnotizada. Miraba su mano, su polla, los pequeños espasmos de su vientre al aumentar el ritmo.
-¿Por qué has parado, ya no te duele?
-Yo...
-Calla. -golpeó con fuerza mi costado para reanudar mis quejas, cosa que pareció encenderle- Así...
[mmmmhhaahh...]
Su semen cayó sobre mi cabeza, y una gota del líquido fue bajando por la comisura de labio lentamente. No pude evitar lamerla.
-¿Así que tienes hambre? -dijo sonriendo.
Yo asentí tímidamente, esperando que él me dejase limpiarle.
-Muy bien, preciosa. Límpiate la cara.
Aún a pesar de las molestias, estoy feliz.
Utilizo el dedo para arrastrar suavemente los restos hacia mi boca, lamiendo de la forma más sugerentemente posible.
-¿Así? -dije traviesa.
-Sí, así. -respondió con voz burlona.- Pero te has dejado esto.
-¿Eso? -una parte había caído en la tierra.
-Eso.
-Pero está es el suelo.
-Lámelo.
-Pero...
-Lámelo.
-Me da asco.
-No pasa nada. -se inclinó para acariciar mi cara- Hoy te has portado muy bien.
-¿De verdad?
-Claro -sonreía.
Me dio un pellizco cariñoso en la nariz,agarró mi pelo y hundió mi cara en la tierra, haciendo se me llenase la boca de porquería.
-Yo te ayudo, cariño.
Me retorcí intentando levantar la cabeza.
-Traga... ¡Traga, joder!
martes, 24 de mayo de 2011
5.-CASCABEL
-¿Y esto?- preguntó cogiendo mi colgante.
-Mi cascabel.
-Un cascabel, como los gatos -dijo tirando de él- ¿entonces tienes dueño, gatita?
-Sí y no.
-¿Sí y no? -repitió divertido- Explícate.
-Yo soy mi dueña, yo compré este cascabel.
-Aha.
-¿Por qué? -pregunté insegura.
-Sabes que te sobra, ¿no?
-¿Por qué coño me va a sobrar?
-Habla bien.
-No me sobra, es mío, soy mía.
-No.
-Ah, ¿no? -le miraba desafiante, retorciendo un trozo de papel en las manos.
-No, sabes que no -recogió un mechón de pelo tras mi oreja- Eres mía.
-No.
-Sí. -sostenía mi mirada, había acero en sus ojos.
-No hemos hecho nada.
-¿Tienes prisa?
Me sonrojé.
-Te odio.
-No es cierto, más bien todo lo contrario.
-No. Te odio.
-Cada vez que lo dices, me haces más fuerte, ¿lo sabes?
-Lo sé, -bajé la cabeza- me gusta hacerte fuerte.
Durante algunos instantes hubo un silencio que me hizo sentir incómoda. Miré la mesa del bar donde estábamos sentados. Estaba llena de papeles de servilleta retorcidos, una de mis formas de calmar el mono de tabaco. Tendió la mano con un billete y me dijo que fuese a pagar. Me levanté sin rechistar, eso me daría tiempo para recomponerme.
Recuerdo cómo conseguí el cascabel hace años. Sonrío. Poco a poco se ha convertido en algo más que un trozo de metal. Su sonido, su tacto frío se han convertido ya es una parte de mí. Simbología del bdsm, puro atrezzo. Tal vez de forma intuitiva siempre me he sentido un poco sumisa.
-¿Un cascabel de plata?¿como los gatos? -mi tía me miraba extrañada- ¿para qué quieres eso, niña?
-Porque me gusta. -dije simplemente.
-¿Y no quieres mejor un anillito de estos tan monos?-levantó un muestrario con joyas de oro y yo torcí el gesto.
-No, Tita. Quiero eso.
-Bueno, tú sabrás, es tu regalo de cumpleaños. Se lo pediré a Emilio.
Habíamos quedado esa semana varias veces en el bar. Siempre recibía de improviso su llamada, citándome para apenas unas horas después... pero desde aquel primer día, no había vuelto a tocarme. Tan sólo hablábamos y hablábamos. Mi familia, mis relaciones, mi pasado. Él nunca preguntó por mi salud y yo nunca comenté nada sobre ella. Parecía estar midiendo cada una de mis respuestas y gestos, pero no decía casi nada sobre sí mismo.
Miro por la ventanilla. Hoy, 7 de Julio, llueve a cántaros,y la cosa no parece ir a ningún lado.
Casi me siento estúpida por haber dejado de fumar, por arreglarme corriendo como una niñata en los servicios del instituto.
"Te has equivocado, Sari, este tío está jugando contigo".
Antonio no siguió el mismo recorrido que otras veces.¿Nuevo camino?
No.Dirección contraria.Me pongo nerviosa y pregunto.
-¿Dónde vamos?
-Por ahí.
-¿"Por ahí", dónde?
-Ya lo verás.
-¿Por qué no me lo dices?
-¿Por qué preguntas tanto?
-Vale, suspiré.
Salimos de la ciudad, cruzando varios kilómetros de campo y algún pueblo, hasta que finalmente paramos en una carretera en medio de la nada. Él se bajó del coche y abrió con una llave la cadena que impedía continuar el paso. Yo aproveché para mirar el móvil. Nada, no había cobertura.
-Menudo tiempo hace -dijo alegremente al entrar en el coche, frotándose las manos con fuerza antes de reanudar la marcha.
-¿Dónde estamos?
-En mi casa.
-¿Vives solo?
-Aquí no hay nadie más.
La casa protegía de miradas indiscretas el interior del jardín con un gran muro. Era una finca de un tamaño considerable, con un hermoso jardín y piscina. En la entrada no había felpudo, y todas las ventanas estaban cerradas a cal y canto.
Antonio recogió mi abrigo al entrar, y me invitó a curiosear. Aún algo inquieta, empecé a andar por el largo pasillo, escuchando mis pasos sobre el parket. Olía a polvo, se notaba que la casa llevaba un tiempo sin usarse. El salón, por llamarlo así, era una habitación prácticamente vacía, de techo alto y estilo rústico, con tan sólo una alfombra junto a la chimenea.
-¿Quieres comer algo?
-Eh... vale.
-Siéntate por ahí
-Ja,ja,ja... ¿dónde quieres que me siente?
-Ahí.-señaló la alfombra.
Desapareció por una puerta, y me senté donde él había dicho.
¿Pero cómo me siento?¿de rodillas?¿como las piernas cruzadas?¿tumbada?¿cómo cojones se sienta una sumisa?¿debería descalzarme?¿y si me huelen los pies?¿y qué hago con los zapatos?¿y si me desnudo?
Rápidamente me eché al suelo e intenté sacar las botas de un tirón, pero no salían. Con los nervios, esta tarde había anudado demasiado bien los zapatos, y no había forma de sacarlos. A la desesperada, retorcí la pierna hasta dejar el pie a la altura de la boca, y empecé a morder el nudo para aflojarlo. Súper atareada en aquella extraña postura, no había escuchado llegar a Antonio. Él se reía con fuerza mientras yo, poniéndome colorada y tiesa como una estaca, me quedé sin saber qué decir.
-¿Pero qué haces?
-Pues aflojarme el zapato, respondí con brusquedad.
-Ah, bien...¿te ayudo?
-Da igual.
-Dame tu pie.- Se sentó a mi lado.
-Que da igual.
-Dame tu pie, Sara.
-Déjalo, Antonio. Estoy bien así,de verdad...
-Dámelo.
-¿Para qué?
-Para que me lo des.
-Da igual, en serio.
Él simplemente tendió su mano y esperó a que cediese.
-¿Siempre eres tan cabezota?
-No.
-Mira, es fácil- sacó de su bolsillo una pequeña navaja y cortó el cordón con un simple movimiento- Sólo hay que dejarse ayudar.
-Ya.
-Te cuesta pedir ayuda, ¿no?
-Un poco.Bueno,¿qué hacemos aquí?
-Además, impaciente- contestó divertido mientras se deshacía de las botas de una forma nada sexual.
Había traído consigo una bandeja con una taza
-No hay mucho en la nevera, la verdad. No suelo venir mucho.
-Me gusta la sopa.
-También encontré esto por un rincón, se nota que a la casa le hace falta una buena limpieza.
-Ja, ja, ja... ¡un caracol!
-Sí, mira -lo dejó entre mis manos— está dormido aún...
-Se habrá asustado.
-Dale un rato, seguro que se repone. Toma, ve comiendo.-Cambió el caracol por una taza de sopa caliente.
-¿Tú no comes?
-No tengo hambre aún.
Sorbía la taza tendida junto al fuego, y Antonio, con voz suave empezó a contarme anécdotas de su niñez en esta casa, por lo visto era de su familia desde hacía bastante tiempo. La sopa confortó mis manos, y poco a poco, ayudada por la calidez del fuego, hizo que mi cuerpo volviese a entrar en calor.
Su voz profunda y pausada me arrulló, me llevó a un extraño estado de duermevela. Y la luz del fuego se hizo menos brillante, y la alfombra más mullida, y su voz más lejana.
-¿¿Qué..? -me espabilé de golpe al sentir algo frío en el pie.
-Quieta -me paró al intentar incorporarme.
-¿Qué tengo ahí?
-Un amigo.
-¿Un qué? -caí en la cuenta- Ah, el caracol.
-Ajá.
-Me hace cosquillas al andar.
-¿Sí? -Miraba mi pie absorto- date la vuelta,quiero verte mejor.
Temí que el bicho se despegara al moverme, pero tan sólo se arrastró por la piel para quedar de nuevo a favor de la gravedad. Yo permanecía quietecita, boca arriba, sin saber qué hacer.
-¿Ves? -se tendió en el sentido contrario, para ver mejor el caracol.- Son muy listos.
-"Gasteropudus". Gasterópodo, como el caracol. ¿Te gustan mucho?
-Los caracoles son seres fascinantes.
-¿Fascinantes? -dije con escepticismo.
-Sí, mira -se incorporó un poco y lo cogió entre sus dedos -¿Ves cómo se protege? Su instinto le dice que soy más fuerte que él.
-Sí.-dije con cara de pocker.
-Es un animal muy paciente. Mira cómo hace su caminito sin mirar atrás.-extendió la baba por mi piel- Así debemos ser Sara: siempre mirando hacia delante, impregnándolo todo de nuestra esencia, de nuestros deseos, para que nuestro camino sea mucho más fácil.
-¿Sacas todo eso de un caracol?
-Merece el mismo respeto que cualquiera de nosotros.
-Me cuesta creer que nadie sea fan de los caracoles.
-No es algo sectario. Se trata de extrapolar nuestra esencia a cualquier otra cosa, de aprender a encontrarnos, a amarnos al reconocer lo más importante del ser humano en un simple bicho: la vida.
-No me siento especialmente vitalista.
-¿No deseas vivir? -dejó de nuevo el caracol sobre mi cuello.
-Claro que sí. -dije incomoda.
-¿Entonces? -cogió el tazón comprobando su temperatura.
-La vida es puro azar, no vale de nada ensalzar algo que no poseemos, algo que más bien nos posee a nosotros.
-¿Y por qué no te suicidas? Eso te haría dueña de tu vida,¿no?
-Es cierto, lo haría. Pero tengo miedo.
-¿Miedo?
-Miedo a la muerte, miedo a irme sin ser feliz, sin estar llena.
-Una taza vacía.
Una conversación casual, sí. Él no podía saber qué me pasaba. Pero cómo era posible que diese tanto en el clavo, ¿estaba cachondeándose?.
Siento cómo el caracol se arrastra lentamente por mi cara, dejando un rastro transparente tras de sí. Con un brusco empujón vuelve a detenerme cuando me intento levantar.
-Te dije "Quieta".
-¿Por qué?
-Vas a ser mi taza.
-¿Qué...?
La taza fue alejándose más de suelo. Una mano bien torneada, con un caro reloj y uñas cuidadas, se situó sobre mi vientre,dejando caer el caliente líquido amarillo. Mi piel se erizó al instante. Me ardía, y allí donde aterrizaba el liquido quedaba una senda rojiza con tropezones.
Luché contra el instinto de retorcerme. Qué extraña magia. "Quieta",había dicho, y me sentía más atada que con cualquier cadena.
-Quiero que tires ese cascabel, ya no te hace falta.
-¿Por qué?
-Porque ahora yo cuido de ti.
-¿De mí?
-Sí. -Dejó caer un gran chorro de sopa sobre mi pecho.
-Ahh... quema...
-Lo sé. -acarició mi frente- Y ahora escucha con atención,Sara: quemar esta piel, rajar esta piel, pinchar esta piel es ya sólo es cosa mía,¿queda claro?
-Vale. -pareció no gustarle mi respuesta,ya que agarró mi mandíbula para que le mirase.
-¿Queda claro, Sara?
-Sí.
Sonriendo satisfecho se inclinó sobre mí, y sorbió el líquido acumulado en las cavidades de mi torso. Inspeccionó cada parte de mi cuerpo en silencio, con cuidado. "Ahora así, ahora asá", decía: como una muñeca de trapo en sus manos, como un caballo en la feria.
Cuando menos me lo esperaba, la primera hostia llegó.
Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis.
Un leve crujido de mandíbula, acompañado de un dolor agudo.
La adrenalina, los nervios, las ganas... no pude evitar echarme a llorar.
¿Era esto lo que buscaba?
-Tranquila.- recogió mis lágrimas- Sólo di "basta".
Yo callé, y el siguió. Una extraña lucha estaba teniendo lugar: yo sin soltar prenda, él sin perder el ritmo. Me retorcí, chillé y supliqué más. Algo me hacía no ceder, algo me decía que ese dolor era bueno, que era necesario, que, tal vez,así redimía mis pecados.
Durante horas fui usada a su antojo, hasta que una tremenda calma me sobrevino: sólo podría compararla con la paz tras el orgasmo. Endorfinas, decían las letras.
"Basta",dije.
Todo estaba bien junto al fuego, en sus manos.
Mi sitio,mi lugar,estaba con él.
-Sari,¿me escuchas?
-Claro.-Enjuagué lentamente el plato.
Pablo estaba a mi derecha, hacía un monólogo horrible sobre gestión de personal. Calva incipiente, barriga sospechosamente curva, ropa sacada de las rebajas de Enero de el Corte Inglés.
Hubo un tiempo en el que no era así.
¿Cuándo había empezado a odiarle?
-Te decía que Juan piensa celebrar otra barbacoa el sábado.
-Aha.
-¿Y bien?
-¿"Y bien", qué? -frotaba absorta el fondo de la sartén.
-No me estás escuchando.-Pablo empezaba a estar enfadado, lo sé porque pegaba golpecitos con el pie al fregadero.
-Que sí, coño.
-¿Qué te he dicho?
-Juan.
-¿Juan qué?
-Juan piensa celebrar una reunión de "pelotas" el sábado, y tú quieres que vaya. Y yo no voy a ir.
-¿Por qué no quieres ir?
-¿No me escuchas tú? Ya hemos hablado de esto,¿"simplones" qué te dice?
-Que no te acuerdas de que aparte de ser mi amigo, es mi jefe.
-Ve tú, la última vez te lo pasaste pipa tras la barra.
-Nena, sabes que no está de más ganar puntos en este tipo de ocasiones.
-Se ríen de ti. -remarqué la frase con un sonoro cacerolazo en la encimera.
-No seas así .-Intentaba sosegarme con un tono suave.
-Eres un mierda, y no van a ascenderte.
-¡Ya basta, hostia! ¿Por qué lo haces tan difícil? La última vez te lo pasaste bien sentada sobre esa misma barra, riéndote de todo el mundo.
-No me apetece.
-¿Qué te pasa, Sara? -se acercó por detrás para abrazarme.
-¿A mí? Nada.
-No me jodas, que ya son cinco años y nos conocemos. Nunca habías estado tan apática... ¿te he hecho algo?
"Matarme de aburrimiento lentamente",pensé.
-Nada, Pablo. Son cosas tuyas. -intenté esbozar una sonrisa- Sólo estoy cansada.
-¿Seguro?
-Seguro.
Mentirosa de mierda.
Parecía haberse tranquilizado. Al fin y al cabo, mientras el problema fuese mío, de mi regla, de mi dolor de cabeza, de mi cáncer terminal secreto... todo estaba bien. Aprovechó la cercanía para cogerme las tetas.
-¿Entonces no tienes ganas de nada?
-No especialmente.
-¿Seguro?-murmuró en un tono socarrón-¿de nada,de nada?
Pellizcaba con delicadeza mis pezones, meciéndose al compás de alguna música imaginaria. Yo no sabía cómo quitármelo de encima sin ser brusca.
Antonio,Antonio,Antonio...
Mi cabecita sólo sabía repetir eso.
-Ahá. -yo seguía fregando platos con fingida indiferencia, me molestaba sobremanera que me clavase la polla en la pierna como si fuese un perro.
-¿Y si te hago esto?-Lamió torpemente mi nuca, y un desagradable escalofrío recorrió mi espalda.
-Pablo...
-¿Sí?
-Para.
-¿No tienes ganas de ser mala? -empezó a subir mi falda.
-Pablo, por favor...
-¿No quieres que te follen como a una perrita, ehmm?
-Estoy fregando.
-Pues deja los platos y sé buena.- acariciaba mi ano con un dedo ensalivado, no parecía dispuesto a ceder fácilmente.
Suspiré al cerrar el agua del grifo. Ahí estaba yo, en mi cocina, con mis platos y mi fregadero, con un prometido a punto de follarme el culo. Escuché el ruido de cremallera al bajar apresuradamente, y no quería, no quería saber nada más.
-Te voy follar el culo, Sarita...
Parecía tan concentrado en su tarea. Su respiración agitada, su ansioso "mete y saca" dáctil, la cabeza de su polla en mi nalga... abrí las piernas e intenté relajarme. Pablo no merecía más desprecios. Al fin y al cabo, era el camino, el camino del silencio,el que yo había escogido.
Antonio,Antonio,Antonio...
Apreté mi esfínter para retener el líquido. Él seguía jadeando contra mi nuca. Lo aparté suavemente y subí mis bragas, echando a andar hacia el baño.
-¿Estás bien, cariño?
-Sí.-sonreí sin mucho afán.
Limpié mi culo lentamente, expulsando todo lo que no debería estar ahí. Incluso el agua parecía llorar conmigo. Me sentía sucia, sentía que le estaba fallando, que Pablo no era más que un intruso, el profanador de la propiedad de otro.
Miré el cascabel que prendía de mi cuello, y a mi cabeza vino el "cling-cling" de fondo que hacía escasos minutos se había escuchado al compás de cada embestida.
Se Acabó.
Arranqué la cuerda de un tirón y tiré a la papelera el cascabel. Sequé mi cuerpo con firmeza y rapidez. Una nueva determinación, salida como de la nada, me empujaba a arreglar las cosas.
-Sara, ¿y el mechero? -ajeno a todo, Pablo se afanaba en tomar "el cigarrito de después".
-Ya no fumo.
-¿Qué?¿que ya no fumas?¿desde cuándo?
-Semanas.
-¿Sí? -rió sorprendido- eso es fantástico, cielo. Me alegra que te leyeses el libro de la mujer de Juan.
-Ah, ese libro. -me dejé caer pesadamente en el sofá- Era una mierda.
-Pues tú has dejado de fumar.
-Pero no por el puto libro.
-Bueno, como sea, el caso es que funciona. Amparo estará encantada cuando se lo diga.
-Se acabó.
-Creo que deberías ponerte el vestido azul para el sábado, estás muy elegante.
-Te dejo.
-¿Qué?¿tienes que irte? -mira el reloj- Cielo, son las 3. ¿Tienes reunión esta tarde?
-No. Quiero que me des las llaves del piso.
[Silencio]
-No te entiendo, Sara.
Por fin parecía procesar la información. De pie y aún en calzoncillos sostenía estúpidamente el mando de la tele.
-¿Qué quieres decir?
-Que no quiero seguir contigo Pablo, que se acabó. -abracé mis rodillas y escondí la cara, susurrando- Fuera de mi casa.
-Estás de coña -sonrió con inseguridad-¿no?
Yo sólo levante la cabeza y le miré a los ojos.
Puta.Era una puta.Él me había convertido en una puta.
-Pero a qué viene esto, Sari...si estabas bien hace un momento. -pantalones puestos- No puedes cambiar así en dos segundos, no es lógico.
-Mentira. -sonreí amargamente- Sabes que dejado que me folles por compasión, sabes que no quería hacerlo.
-No sé de qué hablas. -dijo incrédulo, retrocedió hasta chocar con la mesa.
-Da igual Pablo. Estoy harta. Harta de ti, harta de esta vida de mierda, harta de tu trabajo, harta de tu barriga. Y ya está. No hay nada que decir. Deja las llaves y cierra cuando te vayas.
-¿Me dejas "por mi barriga"? -empezaba a sollozar.Patético.- Sara... yo... puedo cambiar.Te quiero,podemos intentar ir a un consejero, o darnos un tiempo, o no sé... algo.
-Que no, coño.-me hartaba- Mírame a los ojos y dime qué ves.
-Sara, por favor...-estaba realmente asustado.Esto no era un farol.
-Que te vaya bien, Pablo.
Soy feliz porque sé que tú serías feliz
Tuya.
Ahora soy realmente soy tuya.
Y eso me llena, y eso hace que piense en lo que está por venir.
Ilusión.
Nervios.
Y sin tabaco.
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